Visita al Glaciar Martial (13)

Aventuras congelantes desde la Antártida – Visita al Glaciar Martial (13)

26/05/2013  By

Aventuras congelantes desde la Antártica Relatos de mis experiencias en el viaje de expedición 2013 Por: Humberto Sánchez Baquedano

Jueves 7. Visita al Glacial Martial.

Exactamente hoy hacen 3 años que mi padre dejó este mundo. Lo extraño. Desde aquí lo recuerdo y tengo siempre presente, en un aniversario más de su partida.

Amaneció soleado aquí en Ushuaia. Bajé al puerto, para tomar un taxi para dirigirme a la base de la montaña para ascender al Glaciar Martial. Al llegar, el indicador de temperatura exterior del vehículo, marcaba 3.5C°.









Compré mi boleto para el teleférico o “aerosilla”, como le llaman aquí. Un tramo se sube en ella. El resto, hasta alcanzar los 700  msnm, lo hice caminando, unos tramos relativamente fáciles y otros no tanto, un poco empinados. Hermosas vistas de la ciudad, el canal y las montañas vecinas con nieve en sus picos. Estuvo la mayor parte del tiempo nublado. Por momentos se abrían ventanas entre las nubes que permitían pasar al sol, iluminando algunas zonas. Los cerros verdes en su parte inferior, tierra y piedras en la parte superior, donde en el invierno está totalmente cubierto de nieve. Descendí hasta 630 msnm, marcado por el GPS, y se hallaba una superficie nevada. Era lo suficientemente grande e inclinada, para hacer algo que se antojaba: llegué hasta pasada la mitad de dicha superficie, y me senté en la nieve, y me dejé deslizar, alcanzando una buena velocidad, que me llevó hasta la parte inferior de la zona nevada en cuestión de segundos. Repetí el hecho en varias ocasiones. Fue muy divertido. Sentí por un momento, que el tiempo había regresado hasta mi lejana infancia.









Seguí descendiendo y llegué nuevamente hasta el área de la aerosilla y llegué en ella hasta el inicio. En las oficinas, donde entré un momento a fin de recuperar un poco mi temperatura corporal, porque al descender sopló un fuerte y frío viento que hacía que la sensación térmica fuera más severa. Ahí me encontré y saludé a una pareja de compañeros de expedición a la Antártica. Platicamos brevemente lo que se encontrarían en el lugar. Lo normal es encontrarse con muchos de ellos que están paseando la ciudad. Ellos iniciaron su ascenso y yo me retiré.

Me dirigí en taxi nuevamente al puerto. Tenía la certeza de que tendría un muy agradable encuentro. Caminando cerca de la zona del muelle, me encontré con 3 miembros del staff del barco Ocean Diamond de Quark Expeditions. Pregunté por una amiga que conocí en mi viaje al Ártico. La ubicaron por radio estando aún en interior del barco. Los miembros del staff, hablando en inglés, me llevaron hasta el interior del barco. Muy amplio y lujoso.

Se presentó Annie, la asistente del líder de expedición de mi viaje al Ártico de 2011. Fue un cálido encuentro. A ella le parecía increíble lo que estaba sucediendo. Le pregunté por David “Woody” Wood y minutos después ya estaba también con nosotros. Él fue líder de expedición de ese mismo viaje. Por algunos minutos estuvimos platicando, luego del sorpresivo encuentro para ellos. Me comentaron que ya había concluido la temporada de viajes de ese barco. Ellos también concluirían sus labores y se irán a su lugar de origen. Ambos, a Australia en donde viven sus familias. Nos tomamos la foto del recuerdo. Y nos despedimos.




Descendí del Ocean Diamond, y me dirigí al puerto, bastante emocionado por el encuentro, que me latía que era muy probable que ocurriera. Ninguno de ellos sabía de antemano que los buscaría. Posteriormente hice un recorrido por el centro.






Fui a la agencia de Heliushuaia, empresa que ofrece servicios de vuelos en helicóptero sobre la ciudad y zonas aledañas. Dependiendo de la duración, es el recorrido y su costo. Para que el vuelo se lleve a cabo, es necesario al menos 2 pasajeros, con máximo de 3. Era necesario encontrar a alguien más dispuesto a hacer el mismo vuelo que yo. Dejé mi número de teléfono móvil para que me avisaran cuando apareciera. Desgraciadamente ese pasajero no llegó. Pero no me preocupó no haber efectuado este viaje, ya que cinco años atrás, lo había hecho en avioneta, con duración de media hora sobre buena parte de la Isla de Tierra del Fuego.

Continuará…

 

 

 

 

 

 

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